La sospecha

Un día cualquiera, decidís comprar un paquete, millonario, de mil sesiones de depilación láser. Pero como sos tonta, no boluda (?!) y sentís algo raro (¡la nariz de bruja no es al pedo!) vas y comprás un evatest. Para las más distraídas, aclaro que embarazada no te la podes hacer.

Lo cierto es que: A. Hace muy poco que vienen buscando. B. Te tendría que venir al día siguiente de toda esta estupidez. C. Comprás esa marca, porque claramente es la única que conoces.

Con todo la ansiedad del mundo, sintiéndote bastante goma, esperás hasta la mañana siguiente para hacerlo. Como ves poco probable estar embarazada, ni le comentas a tu pareja.

6 am suena el despertador, te adentras al baño. Agarrás las instrucciones, haces pis en el palito y te sentás a esperar. Mirada fija y cronómetro en mano hasta que… Aparecen las líneas azules. ¡Oh si! Aparecieron.

Ok, te metés en la ducha. Y en tu cabecita suena la frase: “no puede ser”. Salís, te vas a preparar el mate, y se asoma tu pareja (completamente dormido) dispuesto a bañarse. Apenas arroja un “buen día”, vos, con ese amor que te caracteriza le escupís “CREO que estoy embarazada”. Si si crees, porque seguro que ese 1% de falla te toca a vos (¡enferma!). Hasta ese momento venías joya nunca taxi, pero te abraza y te caen un par de lágrimas. Tratás de desestimar el tema, no estás embarazada hasta que lo confirme otro  test de embarazo. Te vas a trabajar, de camino parás en una farmacia y comprás el 2do test de embarazo, de otra marca… Obvio. Aguantas 3 horitas (que es una de las misiones más difíciles que tuviste en tu vida), baño, instrucciones, pis, cronómetro. Positivo. Pero será de Dior tu mala suerte y esos falsos positivos 😳.

Porque la 3ra es la vencida… Repetís la secuencia a la mañana siguiente. Y positivo again. ¿Quién lo diría? ¿Pero sabes qué? El de sangre es el que vale, y allá vas. Positivo. Tu pareja ya cree que tenés serios problema (cosa que sospechó siempre). Pero mmmmm ¡esperemos a la eco! Vas sola, porque crees que es una pavada, aparte transvaginal (preservemos la magia)… Llegás, no sabes que esperar o que va a pasar. Seguramente veas alguna imagen de un poroto flotando. Te sentás, te muestra el puntito de tu hijo, agradeces que no sean dos. Nada emocionante para tu corazón de hielo. Hasta que se escuchan unos golpeteos fuertes, no entendes una goma. El que te hace la ecografia te dice “esos son sus latidos” y ahí no haces otra cosa que sonreír , llorar y admitir que, finalmente, estas embarazada.

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